miércoles, 29 de junio de 2011

Caminos Separados Cap 12

Capítulo 12

Renacer


¿En el cielo? Eso pensé yo, ya que jamás imaginé que no podría llegar a aquel lugar. Luego de sufrir por tanto tiempo en vida, pensé que podría tener al fin, algo de paz y podría reunirme con mi amado Edward. Con este pensamiento enfrenté el horroroso dolor que me invadía por completo y que quemaba cada parte de mi cuerpo. Era como un fuego incendiando cada parte de mí una y otra vez sin acabar, me retorcía y gritaba de agonía, pero el dolor era constante mientras yo esperaba impaciente, que la muerte terminara con el sufrimiento.

En mi agonía aun podía oír y sentir ciertas cosas, primero, notaba que estaba recostada en una suave cama, pero considerando el inmenso dolor que reinaba mi cuerpo, no podía decir que estuviera cómoda. Podía escuchar voces a mí alrededor constantemente, alguien muy emocionado con algo que estaba sucediendo, deduje que era el hombre alto de cabellos negros, se llamaba Aro al parecer. Luego estaba otra voz tremendamente aburrida que se quejaba constantemente de unos alaridos que probablemente eran míos, él se llamaba Cayo. Escuche también a alguien llamado Demetri y a Félix, a este ultimo lo recordaba porque había sido quien me había llevado hasta la habitación. El dolor que sentía no me dejaba poner mucha atención al contenido de las conversaciones y las pocas cosas que podía escuchar no las entendía, hablaban sobre transformaciones, vampiros y dones especiales, nada tenía sentido.


Yo sólo me retorcía impaciente por que la muerte me llevara a algún lugar sin dolor, no esperaba que la muerte tardara tanto, o que sucediera de esta manera. El dolor, después de una tortuosa espera, fue disminuyendo, dejé de sentirlo en mis extremidades, primero disminuyó en mis piernas luego en mis brazos y se fue extinguiendo de mi cabeza también, pero se concentró todo en mi corazón, que latía tan frenéticamente que pensé que si no moría de dolor al menos me daría un infarto, cualquier causa serviría, yo solo quería que la muerte me llevara con Edward.

Pero para mi sorpresa, la muerte jamás llegó. Cuando mi corazón ya no pudo más de todo el dolor que allí se albergaba, se detuvo. Pero yo seguía consiente de todo a mi alrededor, de hecho, estaba más consiente de lo que había estado en toda mi vida. Podía distinguir cada sonido hasta el más mínimo, ya era capaz de reconocer claramente cada voz y sabía de quién se trataba. Incluso sus pisadas, que antes me parecían tan delicadas y carentes de sonido, ahora podía escucharlas claramente y saber a quien pertenecían. Los olores eran increíblemente precisos y mi tacto también estaba extraordinariamente agudizado.


- Isabella- me llamó la voz de Aro- querida ya puedes abrir los ojos y admirar el nuevo mundo- dijo con voz soñadora.

Lentamente abrí mis parpados observando todo a mi alrededor, me paré asustada y me sorprendió lo increíblemente rápido que me moví, miré hacia donde estaban tres hombres que debían ser Aro, Cayo y Marco, pero eran considerablemente distintos a como los recordaba.


Ahora podía percibir cada ínfimo detalle de sus rostros, de su piel, sus ojos, no podría haberlos descrito como hermosos, pero si como perfectos, completamente simétricos. Miré a mí alrededor nuevamente y noté que todo, absolutamente todo era distinto de cómo lo recordaba, era como si antes lo hubiera visto todo a través de un filtro que me impidiera observar con claridad. Como si hubiera estado todo el tiempo en un cuarto con una tenue luz artificial y por primera vez lo viera todo con plena luz de día.

Estaba completamente asustada y confundida, ¿Por qué aun seguía allí si mi corazón había dejado de latir? ¿Me encontraba en alguna especie de limbo? ¿O estaba en el infierno junto con esos monstruos de aspecto tan engañoso? Los miré con la confusión clara en mi rostro.


- Eres extraordinariamente afortunada Isabella- Continuó Aro- Te hemos escogido y te hemos salvado de la muerte.

- ¿Por qué?- empecé a preguntar, pero me detuve inmediatamente al no reconocer mi voz. Llevé automáticamente una mano a mi garganta.

- Te acostumbraras- dijo Cayo de manera indiferente.

- ¿Estoy muerta?- pregunté ignorando el extraño sonido de mi voz.

- Pero claro que no, tontuela- dijo Aro como si fuera algo obvio.

- ¿Qué me ha pasado entonces?- pregunté angustiada sin comprender nada.

- Te hemos dado el mayor regalo que alguien podría querer- dijo caminando hacia mí- Te hemos dado la vida eterna- dijo sonriéndome y tomando mi mano. Sus palabras me dejaron en shock y lo miré incrédula, lo que decía no tenía sentido.

- Deberías sentirte honrada de que te hayamos salvado y te hayamos escogido para formar parte de algo tan importante- dijo Cayo como ofendido por mi expresión.

- ¿Parte de qué?- pregunté sin entender aun una palabra de lo que me decían.

- Ahora eres una Vulturi más- dijo solemnemente Aro mirándome expectante.

- ¿Una qué? – pregunté mientras Cayo ponía una expresión de impaciencia.

- Los Vulturi somos uno de los más antiguos clanes de vampiros que hay en todo el mundo, nos encargamos de controlar al resto de los vampiros para que no cometan… imprudencias- explicó calmadamente Marco sin una pizca de emoción en la voz.

- ¿Vampiros? ¿Son vampiros?- pregunté aterrada.

- Querrás decir "somos", ya que ahora eres una más de nosotros- dijo Aro como si fuera una noticia para celebrar- Bienvenida.

- Heidi – llamó Cayo en una voz tan baja que no creí que la escucharía, aunque yo la había odio perfectamente.

Escuché como a lo lejos Heidi se dirigía hacia la habitación trayendo a otra persona con ella, pude oír el palpitar de un acelerado corazón. Y cuando la puerta se abrió un olor invadió por completo cada rincón de la habitación, un fuego, parecido al que había sentido en los últimos días, me quemó intensamente la garganta y sentí como un líquido llenaba inmediatamente mis dientes, me lleve ambas manos a la garganta y gemí de dolor.

- Está bien querida, es sólo la sed- dijo Heidi con una melodiosa voz.

- Vamos Isabella, sólo déjate llevar por tus instintos no pienses tanto- dijo Aro muy entretenido con la situación.


El olor era increíblemente delicioso, se me hacía agua la boca, ¿esto era realmente sed? Miré al hombre que Heidi traía con ella, era muy alto y corpulento, joven de unos 28 años, y la miraba enormemente asustado. Entonces capté en su cuello una gran vena que palpitaba de manera muy llamativa, podía escuchar como su corazón bombeaba la sangre caliente por todo su cuerpo y sentí unas increíbles ganas de morderlo. Antes de que hubiera terminado de pensarlo, crucé la habitación y tomé el cuello de aquel hombre que gritaba muy asustado, a pesar de que era por lo menos el doble de alto y ancho que yo, lo encontré insignificantemente débil.

Paré un segundo a considerar lo que estaba a punto de hacer, pero la quemazón de la garganta, era más fuerte que cualquier resto de cordura que quedara en mi mente. Algo me decía que sólo mordiéndolo lograría apaciguar el dolor, o como lo había llamado Heidi, “la sed”. Entonces abrí mi boca y enterré mis dientes en su cuello, fue increíblemente fácil, y el caliente liquido que recorría sus venas entró rápidamente en mi boca, su sabor era lo mas delicioso que hubiera probado en mi vida, y me llenaba por completo, una vez que probé una gota sentí la urgencia de beberla toda así que succioné ansiosa por más. Mientras escuchaba las risas a mi espalda.


Luego que bebí la sangre de tres hombres y el dolor de mi garganta se calmó un poco estuve más dispuesta a entender los cambios que había tenido y lo que eso significaba. Yo jamás moriría, jamás iría al cielo, jamás me reuniría con Edward otra vez. La única oportunidad que tenía de volver a estar con él era en el cielo, y ese era un lugar al que yo ya no tenía acceso, esto me llenó de ira y frustración, quería llorar pero no podía, al parecer otro efecto secundario de mi transformación. Tuvieron que llamar a Félix, el vampiro más grande, para que me calmara. Lo hice a pesar de que, para mi sorpresa, me sentía mucho más fuerte que el gran vampiro.


Mi fuerza y mi rapidez habían aumentado hasta niveles inimaginables, según me explicaron. Me había convertido en un depredador, en el depredador más grande que hubiera existido, una bestia igual que todos ellos. Estaba obligada a beber sangre humana para mantener controlada la sed que me invadía. Lo peor de todo, era que me había gustado, me había sentido tan poderosa mientras bebía la sangre de los tres indefensos hombres, sentía que nada podía contra mí, y eso era cierto ya que al estar recién transformada tenía más fuerza que todos los demás vampiros.


Entre Aro, Cayo y Marco me explicaron todo lo que debía saber sobre vampiros y sobre cómo tenía que mantener el secreto para que los humanos no supieran de nuestra existencia, lo que incluía no mostrar mi fuerza y rapidez en publico, no salir a la luz del sol ya que teníamos una extraña piel que al parecer brillaba como prismas, no cazar descontroladamente y mucho menos en publico.

El hecho de pertenecer a los Vulturis me obligaba a servirlos como una fiel vasalla al igual que Heidi, Félix y Demetri. Debía obedecer cada orden que me dieran aunque no quisiera hacerlo.

Luego de que contestaron todas mis dudas que, para disgusto de Cayo, fueron muchas, me guiaron hasta una habitación y Heidi me dio ropa nueva y una capa gris vaporosa como la que usaban todos, incluso ella que ya no vestía el llamativo vestido con el que la había visto la primera vez.

Me vestí absorta en mis pensamientos, tratando de asimilar toda la información que me habían dado, todo el cambio que había sufrido. Miré alrededor y vi un gran espejo, me acerqué hacia él para evaluar mi aspecto, cuando llegué frente a él miré el reflejo y me quedé paralizaba cuando vi la imagen ante mí.

No había nada que recordara como mío. La mujer que estaba en el espejo tenía una piel extremadamente pálida, pero lisa y perfecta, un brillante cabello ondulado de color chocolate intenso que caía largo por los hombros hasta la cintura. Unos labios abultado de un color rojizo, pero lo que más me asustó fue su mirada, mi mirada, tenía unos ojos rojos brillantes, como rubíes. Tenía un aspecto aterrador pero aun así era hermosa, si no hubiera sido por el relicario en forma de corazón que colgaba en mi cuello, no habría creído que esa mujer era yo.

La puerta de la habitación se abrió y Aro entró en ella junto con Cayo y Marco, aun no me acostumbraba a su compañía, seguía sintiendo terror cada vez que los veía, a pesar de que ahora yo era parte de ellos, yo también era una Vulturi.


Aro me dedicó una sonrisa.

- Ahora si tienes una aspecto más presentable- dijo observando mi nueva ropa- pero te falta algo muy importante- agregó.

Estiró una mano hacia mí con una caja en ella. Tomé la caja con cuidado y la abrí, dentro había un collar de oro con un escudo, reconocí el escudo que había visto en el recorrido por el castillo, el escudo que Heidi había observado de manera tan extraña y ahora entendía todo. La gran "V" era de Vulturi. Aro tomó el collar y me lo colgó alrededor del cuello, luego tomó el relicario.

- ¡No!- dije de inmediato, y todos me miraron extrañados- no, por favor, quisiera conservarlo, si fuera posible- agregué hablando cada vez más bajo.

- ¿Acaso es importante?- preguntó Aro interesado.

- Si, tiene valor sentimental- respondí no muy segura de si debía haberlo dicho.

Aro le dio una mirada a Cayo y Marco y luego me miró nuevamente sonriendo encantado.

- Por supuesto que puedes quedártelo, pero debes recordar que ahora eres una Vulturi- dijo tomando en sus manos el escudo que colgaba de la cadena- esto es lo único que debe tener valor para ti.

- Por supuesto- dije, Aro me miró como esperando algo, enseguida comprendí- por supuesto, maestro- corregí y en ese momento me sentí realmente como una más, como lo que era de ahora en adelante, una Vulturi.




11 comentarios:

  1. Carla me encantó está demasiado cuático! :D

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  2. aun no hay señales de edward?
    como entonces sabian su nombre?
    me tienes totalmente intrigada y enganchada!
    pero fue muy corto,me quede con ganas de mas!
    espero ansiosa el proximo.

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  3. ANIMALES BESTIAS ASESINAS SON LO PEOR QUE EXISTE AYYYYYY QUE FURIA QUE TENGO MIRA QUE HACERLE ESTO A BELLA ESPERO QUE PRONTO SE LIBRE DE ELLOS!!

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  4. Pero que malos malísimos son de verdad!!!como le han podido hacer eso a Bella??y Edward donde estaaaa?Diosss que no puede estar muertoooooo!!!es increíble el rumbo de la historia,me encantaa

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  5. cuando aro dijo "ahora eres una vulturi más" pensé: Wac. me sono como "ahora eres una puta más". Esque de verdad odio a esas cosas que si son sanguijuelas, en verdad. Solo hay una razón por la cual deben existir. Me encanta el capitulo, lo que odio son los vulturi. Insisto: ¿tenía escrito el relicario su nombre?
    Pobre Bella, no sabe en lo que se ha metido...Pero, como ya dije, supongo que es lo mejor a pesar de todo :(

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    1. Aclaracion: El relicario no tenia el nombre escrito, es simplemente que Aro maneja mas información de la que todos creen...

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  6. Me hubiera gustado que Bella dijera: "Me quitan el relicario y les arranco su puta cabeza ¡BOLA DE BRUTAS BESTIAS!" :D

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  7. Que coraje alabar a los vultiri a la fuerza. eso no es un honor, es esclavitud y arrancar la dignidad.

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