













Esta ultima en realidad es de "La Bella y la bestia" pero me gusto mucho ^^
Capítulo 22
Volviendo a la rutina
Edward me dejó en el límite del bosque y se fue a reunir con el resto del clan Cullen a Escocia, donde se estaban quedando, mientras yo caminaba con paso rápido al castillo. Acordamos no vernos en un par de días, para no levantar sospechas, ya que yo había estado bastante desaparecida últimamente y gente, como el chismoso de Demetri, ya lo había notado.
Estaba muy nerviosa por lo que habíamos planeado, pero a la vez, estaba ansiosa porque nuestro plan diera frutos y lográramos, de una vez por todas, terminar con la racha de mala suerte que nos obligaba a separarnos una y otra vez. Ya no lo soportaba más, incluso en ese momento, a pocos minutos de habernos visto, ya lo extrañaba, y luchaba contra el deseo de seguirlo y huir con él. Pero ambos sabíamos que eso no era posible, ya que desataríamos la furia de Aro, Cayo y Marco. Además del hecho de que, gracias al don de Demetri, podrían encontrarme en menos de un día. Maldito rastreador.
En cualquier caso, no era esa la forma en que yo esperaba salir del castillo. No quería que todo el clan Cullen quedara enemistado con los Vulturi. Soñaba con poder ser libre y salir bajo el permiso de mi actual amo. Quería hacer las cosas bien, aunque ocultarle información no era la mejor forma de partir, pero considerando lo que Aro me había ocultado durante estos trece años se podría considerar que estábamos a mano.
Entré al castillo y me fui a mi habitación corriendo para no encontrarme a nadie en el camino. Sentía que todo mi cuerpo olía a Edward, y a pesar de que no me desagradaba en lo absoluto, tenía que quitarme su fragancia si no quería que alguien me descubriera. Me metí en la ducha y me quedé allí el resto de la mañana pensando en lo que Edward me había dicho sobre Aro, en nuestro plan. Cómo habían cambiado tanto las cosas en un par de días. Si alguien me lo hubiera dicho antes no lo habría creído. Salí del baño y me puse un largo y ajustado vestido lila, regalo de Aro, y me cubrí con mi usual capa de color morado oscuro.
Cuando salí de mi habitación, oí a Aro llamándome con insistencia así que me dirigí hacia el tercer piso lo más rápido que pude y entré en la habitación donde encontré a mis amos sentados en sus respectivos tronos.
- Isabella, al fin nos honras con tu presencia- dijo irónicamente Aro- te he llamado por lo menos tres veces- dijo con severidad.
- Tal vez Isabella tenía cosas más importantes que hacer…- dijo Cayo mirándome con suficiencia.
- ¿Buscando a algún bastardo que no haya cumplido la ley, quizás?-dijo Marco.
- Mis disculpas maestros- dije inclinándome en una reverencia- lo que sucede es que me he perdido la cena de ayer, así que salí a cazar por mi cuenta- dije rogando que no se notara en mi cara que estaba mintiendo, ya que en parte lo que había dicho era verdad.
- Pues limítate a estar aquí cuando Heidi traiga el siguiente tour- dijo fríamente Aro, estaba realmente molesto- Los clanes se alimentan juntos- me recordó- como la familia que somos- agregó con una sonrisa que intentaba ocultar la irritación que lo invadía.
- Así lo haré amo- dije inclinando la cabeza.
- Y por favor, evita desaparecer cuando te necesito- agregó.
-¿Para qué me llamaba?
- Asumo que te enteraste de la partida de nuestros invitados, los Cullen- dijo evaluando mi expresión.
Lo observe un par de segundos, recordando lo que me había dicho Edward sobre Aro. La desilusión me embargó momentáneamente, antes de ser reemplazada por la determinación. Sabía lo que tenía que hacer, simular.
- Así es- dije con fingido enojo en la voz.
- Me pareció una decisión muy repentina, y ya que tu fuiste la última que habló con ellos, me gustaría que me dijeras qué fue lo que hablaron- dijo sonriéndome con amabilidad. Respiré profundamente una vez y comencé.
- Creo que a estas alturas usted ya sabrá que Edward y yo nos conocíamos desde hace mucho tiempo – dije calmadamente.
- Claro que si cariño, me enteré cuando saludé a Edward hace dos días- dijo Aro. Más mentiras- pero háblame sobre eso- agregó con curiosidad.
- La verdad es que nosotros estábamos comprometidos…pero él me abandono- dije lo que en parte era cierto- yo lo esperé por mucho tiempo, hasta que me enteré de su muerte.
- Pero que tragedia Isabella, y venir a encontrarlo justo aquí -dijo- ¿no te parece curioso?- agregó y me sorprendió su cinismo.
- Me sorprendió mucho, por eso huí ese día- hasta el momento no había dicho algo que no fuera verdad así que no había nada que pudiera delatarme.
- Y te comprendo perfectamente, venir a encontrar al amor de tu vida con otra mujer y qué mujer- dijo – uno ya no puede confiar en nadie estos días, nadie más que tu propio clan- agregó tomando mi mano entre las suyas y sentí terror de que, por un momento, sus poderes tuvieran efecto sobre mí. Pero por su rostro supe que, al igual que siempre, él no pudo ver nada en mi mente.
- Así es, lo tengo perfectamente claro- dije sonriéndole.
-Pero continua, luego te reuniste con él ¿no es cierto?- dijo animándome a seguir.
- Así es, estuve con él. Quería aclarar un supuesto mal entendido que había con Rosalie, según él no están juntos- dije.
- ¿Pero esa no es una gran noticia?- dijo sonriéndome
- Le dije que si realmente no estaba con ella, me lo demostrara quedándose conmigo, si es que realmente me amaba- puse cara de sufrimiento.
- ¡Muy bien hecho! ningún engreído vampiro juega con mi Isabella- dijo- ¿Y que paso?
- Obviamente el no me amaba como decía ya que no accedió a quedarse, por sus costumbres extrañas de beber sangre animal. Así que no quise escuchar nada más sobre él. Probablemente se haya dado cuenta que prefería estar con Rosalie que conmigo.
- ¿Qué? ¿Y eso fue todo? ¿No intentaste convencerlo? ¿Te dejó así nada más?- dijo notoriamente alterado, yo ignoré su reacción y contesté como si la respuesta fuera obvia.
- No se que más podía hacer si él no esta enamorado de mi, sólo se sentía culpable por haberme abandonado, pero ya no siente nada por mi.
- ¿Sólo culpabilidad? ¿Nada más, estas segura?
- Bueno es obvio ¿no? Si sintiera algo por mi se habría quedado conmigo. Pero él ha rearmado su vida y yo no soy parte de ella. Es mejor que me olvide de él, es mejor que todos nos olvidemos de él- dije remarcando la última frase.
- ¡Pero que desperdicio!- dijo furioso Aro
- Al parecer no era tan importante para él, es muy comprensible- dijo Cayo mirando a Aro algo molesto. Este le devolvió la mirada furioso pero no dijo nada.
- Maestro ¿ocurre algo?- pregunté con fingida incomprensión, ya que en realidad sabía perfectamente qué era lo que lo frustraba tanto.
- Retírate Isabella ya no te necesito- dijo sin mirarme, ignorando mi pregunta.
- Como usted ordene maestro- contesté con una reverencia.
Salí algo nerviosa por lo que Aro pudiera estar pensando. Algo confundida también, porque no sabía como esto ayudaría a que me dejara en libertad, sólo empeoraría su furia si algún día averiguaba que le mentí. Sin embargo confiaba en Edward y me atendría al plan.
Caminé sin prisa hasta a la torre norte y entré en la habitación donde teníamos archivada información sobre cada uno de los clanes que se habían formado a lo largo del tiempo, tanto su localización como sus integrantes, sus creces y sus bajas. Esto nos permitía tener un control sobre la población de vampiros, evitar que se formaran ejércitos o que se descontrolaran en cuanto a su alimentación, ya que no queríamos que ninguna ciudad o incluso algún pequeño pueblo se extinguiera misteriosamente.
Fui hasta unos de los estantes y saque el archivo nº 275, abrí inmediatamente la pagina 743. El clan de James tenía una audiencia hoy. Al parecer tenían problemas territoriales con otro clan. Ese tipo de conflictos terminaba generalmente en guerra si no se solucionaba y la manera de controlarlo era el destierro de uno de los dos clanes, el que se resistiera a acatar simplemente moriría.
Probablemente llegarían en un par de minutos, así que bajé las escaleras hasta el primer piso, llamé a Félix y enseguida oí sus pasos en mi dirección. En un par de segundos lo tuve junto a mí con su usual rostro inexpresivo y su negra capa ondeando tras él.
- Llegarán en un par de minutos- le dije.
- En ese caso será mejor que los estemos esperando- contestó él sin hacer ninguna pregunta. Yo asentí.
Fuimos caminando hasta la parte posterior del castillo y bajamos una escondida escalera que conducía a las mazmorras. Era un largo pasillo, piso y techo de piedras, las paredes eran rejas que daban paso a una serie de calabozos separados, cada uno, por un sólido pilar. El pasillo estaba iluminado únicamente por velas, que descansaban en sus respectivos candelabros empotrados en cada pilar. En el fondo del pasillo y tapado por una gran armadura, había un puerta, que daba paso a un pasadizo, con húmedas paredes. Caminamos en silencio por él, ignorando las ratas que nos salían al paso. El pasadizo iba en descenso y desembocaba en una de las cloacas de la ciudad, seguimos sin detenernos caminando por el costado de la cañería, hasta que llegamos al lugar que ya conocíamos de memoria. Una escalera en la pared permitía el acceso a la trampilla ubicada en el techo, pero no la necesitábamos. Con un simple salto llegamos a la puerta y salimos, a través de ella, en medio de un oscuro y deshabitado callejón. Fuimos hasta la entrada de este y nos detuvimos observando el resto de las calles de la ciudad, aguardando la llegada de nuestros invitados.
Solo tuvimos que permanecer allí unos 3 segundos y entonces los vimos. Eran 3, el hombre que venía en el medio era James, tenía el enmarañado cabello rubio amarrado en una cola, sus ropas estaban descuidadas como siempre, por lo menos esta vez traía zapatos. Junto a él venía Victoria, su pareja según tenía entendido, aunque no era la única que tenía, eso lo sabía por Heidi. Victoria venía con un vestido apropiado para la ocasión y una elegante sombrilla que la cubría a James y a ella del sol, pero su cabello, rojo como el fuego, seguía tan salvaje como era ella en realidad, desentonando su conjunto. Finalmente, un poco rezagado venía Laurent, su brillante piel era igual de oscura que sus ojos en ese momento, no se había alimentado al parecer. Su pelo negro y largo estaba amarrado al igual que el de james pero este llevaba un sombrero y su ropa era mucho mas elegante que la del resto, una sonrisa de suficiencia brillaba en su cara, como si fuera él quien nos diera la bienvenida a nosotros en vez de ser al revés.
- Buenas tardes señorita, caballero- dijo James con una gran sonrisa.
- James, Victoria, Laurent- saludé con frialdad y un asentimiento de la cabeza.
- Isabella, un placer como siempre- dijo Laurent besando mi mano. Victoria sólo me dedicó una sonrisa, pero no fue amistosa. Félix se mantuvo junto a mí y se limitó a asentir a los saludos sin emitir una sola palabra.
- Síganme, los están esperando- dije y no esperé respuesta, me giré y caminé por donde mismo habíamos llegado.
- Imaginaba una entrada más majestuosa – dijo James divertido mientras pateaba una rata que se le había cruzado.
- Siento desilusionarte, James- dije sin mirarlo- pero hoy no venía nadie que lo ameritara- James solo rió y siguió caminando en silencio. Victoria tenía una expresión de desagrado en el rostro.
Finalmente llegamos al primer piso del castillo y comenzamos el ascenso por las escaleras hasta el salón de Aro, Cayo y Marco. Abrí las puertas y anuncié su llegada.
- Maestros- dije con una reverencia- la audiencia de hoy es del clan de James, ya están aquí- dije haciéndome a un lado para dejarlos pasar.
- Señores- dijo James haciendo una leve inclinación, detrás de él Victoria y Laurent hicieron un reverencia como es debido.
- James, ¿tú de nuevo por aquí?- dijo Aro.
- Espero que ahora sea algo más serio que lo de la última vez- dijo Marco.
- ¿O será acaso que encontraste a otra chiquilla medio loca con quien obsesionarte?- preguntó Cayo con tono burlón.
- Te aconsejo que si es así, esta vez te apresures para que no la conviertan antes de que puedas probar su sangre- dijo Aro guiñándole un ojo y riendo junto a Cayo y Marco.
Victoria se veía muy molesta y miraba a James con furia. Laurent parecía que quería unirse a las risas. James por su parte, trató de sonreír con la broma, pero al parecer le molestaba bastante recordar aquel incidente que había sucedido un par de años atrás.
- En realidad esta vez, con mi clan tenemos un problema territorial- dijo tratando de darle seriedad a su audiencia.
- Oh está bien- dijo Aro- acércate- agregó haciendo un gesto con la mano. James se acercó y le tendió la mano a Aro. En el momento que sus manos hicieron contacto Aro cerró sus ojos y se concentró en lo que estaba viendo.
- Así que es María otra vez- dijo con fastidio- creí que ya habría entendido luego de la última guerra civil.
- Te dije que debía morir- dijo despreocupadamente Cayo.
- Ella y todos los que estén en su clan- agregó Marco.
- Algunos han desertado- dijo James.
- Puedo encontrarlos- dijo inmediatamente Demetri, que se había incorporado a la audiencia junto con Heidi un par de segundos atrás- Puedo encontrarlos a cada uno de ellos sin problemas.
- No me interesan los desertores- dijo Aro a Demetri, dando por terminado el asunto- pueden retirarse, nos haremos cargo.
James y su clan hicieron una reverencia y se marcharon. James le dedicó una ardiente mirada a Heidi antes de salir y ella le respondió con una sonrisa. Luego de despedir a los visitantes volví al salón con el resto de la guardia. Aro debía darnos las instrucciones para actuar.
- Isabella- dijo apenas entré- partirás mañana junto con Demetri, Félix y Heidi
- De acuerdo, ¿a dónde?- pregunté
- Están en Luisiana, los encontraremos esa misma mañana- me contestó Demetri con seguridad, él jama se equivocaba- será fácil, han dejado rastros por todas partes.
- Deben estar de vuelta para el crepúsculo- dijo Cayo- detesto cenar tarde- agregó mirando a Heidi, ella asintió.
- Ahora querida, si fueras tan amable, tengo antojo de sangre extranjera- dijo Aro con una sonrisa.
- Será un placer- contestó Heidi.
Había llegado el momento que había temido durante todo el día, la hora de comer.

Capítulo 21
Desafiando al destino
Nuestros cuerpos permanecían entrelazados, reposando sobre el frío suelo del bosque, que nos ocultaba, entre sus hojas, del mundo exterior. La lluvia había cesado y entre las tupidas ramas de los árboles, podíamos ver el cielo aclarar paulatinamente.
Mi cabeza reposaba en su pecho y su mentón apoyado en mi coronilla, sus fuertes brazos me rodeaban proyectando el sentimiento de protección que tanto extrañaba de él.
- Es tan maravilloso estar contigo- murmuró de pronto- haces que mi corazón vuelva a la vida.
- Quisiera estar así por siempre- mi voz sonó insegura y él lo notó.
- ¿Qué te preocupa Bella?- preguntó
- Tengo miedo, no sé que sucederá ahora, no es como si nuestros problemas se hubieran resuelto- dije haciendo palabras mis pensamientos.
- Bella, me quedaré a tu lado por siempre, no volveré a alejarme de ti. Estando juntos ¿Qué podría ocurrir?- dijo.
- Pero Edward, soy una Vulturi y tú eres un vegetariano de otro clan nuestras vidas nos son compatibles- dije puntualizando en lo obvio de nuestras diferencias.
- Pues no te veías como una Vulturi cuando cazaste a ese oso- remarcó él de manera divertida y me avergoncé de que hubiera presenciado mi inexperta caza.
- Yo sólo estaba probando- dije evitando su mirada- no significa que ahora sea vegetariana, solo fue una vez- me excusé.
- Bella, la verdad es que ya no me importa lo que seas- dijo de pronto con seriedad- no me importa si eres una Vulturi o de lo que quieras alimentarte. Solo sé que quiero estar contigo el resto de la eternidad. No tengo palabras para explicar cuan maravilloso es el mundo ahora que tu estas en mi vida otra vez- dijo tomando mi mentón para que lo viera a los ojos.
Me quedé momentáneamente sin palabras, perdida totalmente en sus profundos e intensos ojos dorados.
- También yo, Edward- dije apenas en un susurro, que él escuchó a la perfección, me quedé en silencio un momento meditando y luego continué- Ayer, luego de que te fuiste, estaba furiosa y estuve apunto de cazar a un muchacho… pero no pude, me sentí completamente abrumada, no podía dejar de pensar en las personas que había matado, me sentía horriblemente…Edward, no creo que quiera seguir bebiendo sangre humana, pero no se si pueda.
- Por algo se parte- dijo seguro de sus palabras- no esperaba que te convirtieras en vegetariana de la noche a la mañana. Sé que será un proceso largo y difícil para ti. Sé que más de alguna vez beberás sangre humana y no podrás evitarlo- dijo disculpándome- Pero si tienes la determinación, se que podrás lograrlo.
- Pero me siento como si estuviera traicionando a Aro, Cayo y Marco. Yo les debo mi lealtad- dije abatida- estoy tan confundida.
- Bella, acerca de eso, hay algo que creo que deberías saber sobre Aro- dijo despacio midiendo sus palabras y observándome con mesura.
Me Incorporé para mirarlo bien.
- Ayer cuando nos fuimos a despedir de Aro, Cayo y Marco, él se enfureció.
- Si lo noté, pero no comprendí su reacción- dije recordando los gritos de mi amo.
- Pues deberías oír esto y tal vez entiendas muchas cosas más- dijo y pude notar que no seria una historia agradable.
Edward me ayudó a vestir con la delicadeza con la que se trata a un bebé. Luego me llevó de la mano hasta la orilla de la laguna que había en medio del bosque donde nos sentamos sobre unas rocas.
- Es sabido que a los Vulturi se caracterizan por tener en sus filas a los vampiros con los poderes más excepcionales- dijo y yo asentí- Yo conocí a Aro, Cayo y Marco el mismo año de mi conversión y me ofrecieron ser uno de ellos por mi habilidad de leer las mentes. Pero en ese momento no me interesaba nada, así que rechacé la oferta - hizo una mueca de disgusto- Esto ofendió de sobremanera a Aro, que se había encaprichado bastante conmigo.
No entendía hacia donde se dirigía la conversación, ni qué relación tenía esto con la reacción molesta de Aro el día anterior, pero seguí escuchando con atención.
- ¿Recuerdas que te dije, que probablemente Aro te había visto con anterioridad en mis pensamientos? – preguntó.
- Si- contesté aun más perdida.
- Bueno, fue mucho más que eso- dijo con voz enigmática y se detuvo un par de segundos, para luego continuar pronunciando cada palabra con sumo cuidado- Aro no solo te vio en ellos, sino que se aprovechó de mis sentimientos hacia ti para manipularme. Bella, él te utilizó para llegar a mí - Concluyó.
Sus palabras quedaron rondando en mi cabeza, sin que yo lograra asimilarlas del todo, como me mantuve en silencio prosiguió a explicarse.
- Ayer la furia hizo que dejara al descubierto todos sus pensamientos y pude saber sobre todos los planes que hizo para lograr que me uniera a él. Estabas en lo cierto cuando me dijiste que tu escudo mental fue lo que llamó su atención el día que llegaste al castillo. Pero lo que en realidad lo motivó a convertirte fue que recordó cuan importante eras para mí – dijo con cautela.
- ¿Qué?- dije sorprendida por sus palabras.
- Creyó que sería capaz de unirme a ellos con tal de estar contigo a mi lado- explicó.
- ¿Aró me utilizó todo el tiempo? - dije perpleja.
- Está empecinado en tenerme entre los suyos- dijo en tono de disculpa- Sé que él significaba mucho para ti amor, realmente siento mucho tener que decirte esto- dijo apenado por mi reacción.
Aro era mi creador, era como un padre para mí, me había enseñado todo lo que sabía, me había entrenado. Incluso podía notar la diferencia que existía entre el trato que le daba a mis hermanos y el que me daba a mi, jamás fue tan severo conmigo como lo era con los demás. Es por eso que me sentía tan leal a él, más leal incluso que como me sentía con Cayo y Marco, quienes me trataban con la misma indiferencia que a los otros miembros de la guardia.
- Él no haría eso- dije tratando de adecuar la imagen que yo tenia de él con la que Edward me estaba describiendo.
- Bella, él sería capaz de eso y de mucho más- me corrigió con pesar en la mirada- Su obsesión por los poderes es mucho más que un capricho, hará lo que sea por acapáralos todos.
- ¿Eso qué significa?- pregunté algo confundida aun.
- Que ya no es tan sencillo como decidir con quién quieres estar tú. Él no permitirá que su “as bajo la manga” se escape- me explicó- Su único objetivo es atraerme hacia él.
- ¿Qué haremos entonces?- pregunté asustada.
- Lamentablemente su plan ha funcionado, porque jamás me iré de tu lado otra vez- sentenció- Me uniré a ellos, aunque no apruebe sus métodos, con tal de estar contigo, Bella- dijo firmemente.
- ¿Y que va a pasar con Carlisle y Esme?- pregunté sorprendida por su rápida resolución.
- Sé que ellos entenderán mi decisión.
- ¡Edward no puedes! -dije algo histérica- no puedo permitir que lo hagas.
- ¿Por qué?- preguntó confundido.
- Edward, Esme te quiere como a un hijo. Fui testigo del sufrimiento por el que pasó tú madre cuando te fuiste a Kansas y no se lo deseo a nadie. No podría permitir que hagas pasar a Esme por ese mismo dolor, no después de todo por lo que ella ha pasado. No podemos pensar solo en nosotros ahora.
Edward me miró sorprendido y luego se quedó pensativo por un momento hasta que pude ver la comprensión en su mirada.
- De acuerdo, tienes razón, pero eso no impedirá que estemos juntos Bella, ese es un hecho. Estaré contigo a como de lugar.
- Pero tu familia se va a Forks, ¿cómo se supone que estarás con ellos y conmigo?
- Ya les dije que no me iría a América si no es contigo. En este momento están en una residencia provisoria en los bosques de Escocia, hablaré con ellos y estoy seguro que accederán a prologar su estadía allí hasta que tú puedas venir con nosotros.
- Y cómo haremos eso si Aro jamás dejará que me marche del casillo.
- Eso está por verse, encontraremos la manera amor, te lo prometo, lograré sacarte de ahí a como de lugar- dijo con esperanza en la mirada y convicción en la voz- pero necesito saber si tú aun quieres estar conmigo, a pesar de las dificultades- preguntó con algo de inseguridad.
- Edward, eres lo que más quiero y estar contigo me haría la persona mas feliz del mundo- dije viendo como la sonrisa se extendía por su cara. Tomó mi rostro entre sus manos y me besó con ternura.
-Entonces, por el momento, tendremos que vernos a espaldas de Aro, mientras planeamos la manera de sacarte de aquel castillo.
- Pero él lo sabe todo, no se le puede ocultar nada a Aro, Cayo y Marco, lo sabes bien.
- En realidad, existe alguien que puede ocultarle información a Aro- dijo mirándome significativamente como si tuviera la respuesta ante sus ojos.
- ¿Yo?
- Eres la única excepción al poder de Aro, no hay forma que él se entere que me has visto, porque tu mente es un misterio para él- dijo y yo sentí como una sonrisa se plasmaba en mi rostro, al fin mi poder tendría alguna utilidad.
- Esto me asusta en verdad, no es muy alentadora la idea de hacer algo a espaldas de mis maestros. Pero lo haré con gusto, si de esa manera puedo estar contigo – dije aun sonriendo. Si había sido capaz de desobedecer a Aro para ver a Jake, estaba más que dispuesta a hacerlo de nuevo para estar con Edward.
- Amarte hace que todo valga la pena- dijo él mirándome con adoración y besándome nuevamente.
Jamás podría aburrirme de besarlo, cada vez que lo hacía descubría un nuevo sabor, una nueva sensación que recorría mi cuerpo por completo. Era increíblemente difícil detenerse con Edward. Su pasión desbordada y la felicidad que me embargaba al tenerlo conmigo nuevamente, me hacían querer besarlo por siempre y amarlo sin límites.
Sabía que estar juntos sería difícil, muy difícil. Me lo recordaba cada impedimento que nos salía al paso. Pero esto lo valía, estar con Edward lo valía todo. Pelearía contra el destino con uñas y dientes, con tal de hacer nuestro sueño realidad y poder estar juntos como antes, antes de que nuestros caminos fueran abruptamente separados el uno del otro, antes de que nos viéramos obligados a seguir cada uno su solitaria senda.
Pero había esperanza, lo sabia, el hecho de que nos hubiéramos vuelto a encontrar era una prueba de ello. Solo había que ser fuertes, pacientes y sobre todo estar unidos. Ahora nada podría separarnos, no ante nuestra determinación.
Capítulo 20
Cambio de planes
Edward’s POV
Estaba atónito mientras trataba de entender las palabras que invadían mi cabeza, todas revueltas. Las de Carlisle, las de Esme, las de Rosalie, pero sobre todo, las que me tenían desconcertado en ese momento, eran las del hombre que tenían frente a mi, que hasta hace algún tiempo había considerado alguien digno de cierto respeto por pertenecer a la realeza o algo por el estilo, pero en este momento era la criatura más retorcida y manipuladora que hubiera visto.
Estaba discutiendo con Carlisle sobre nuestra pronta partida, al parecer estos días había estado tratando arduamente de ocultar información a mi habilidad de leer mentes.
Pero en este momento, la sorpresa y la rabia lo habían descontrolado, dejando expuesto todos sus secretos, todo el plan enfermo que había trazado con un único objetivo…Yo.
“Trece años con la mucha para nada””Si se supone que la ama, cómo puede dejarla” “Todo estaba perfectamente planeado” ”no puedo creer que todo haya sido en vano” “Tendré al maldito vampiro en mi guardia aunque sea lo ultimo que haga, nadie le dice que no a Aro” “Era un perfecto plan, cuál es su problema” “Debía quedarse con ella” “Isabella pagará las consecuencias por no haber sabido retenerlo” ”Su único trabajo era retenerlo aquí pero al parecer lo ha espantado y ahora él huye como un cobarde”
Monologaba en su mente continuamente sin notar que me estaba entregando toda la información referente a su plan. Cómo lo había ideado todo en el momento en el que vio a mi indefensa Bella parada en medio de su asquerosa sala. Cómo había acabado con su frágil vida con el único propósito de obtener un integrante más a su guardia personal. Cómo le había quitado la vida a ese ángel que jamás podría haberle causado mal a alguien. Cómo la convirtió en un depredador, en alguien casi insensible al dolor ajeno.
Las imágenes de sus recuerdos ocuparon toda mi mente y casi me derrumbé cuando vi su inocente rostro crispado por el miedo, en la misma habitación en la que me encontraba ahora mismo. Rodeada de cadáveres y de bestias salvajes acabando con vidas inocentes. Sus hermosos ojos color chocolate, tan profundos como los recordaba, reflejaban el terror, su piel normalmente rosada, estaba pálida del miedo.
¿Cómo no se compadeció de una criatura tan indefensa como ella? Bella era un tesoro y debía ser tratado como tal. ¿Cómo pudo Aro arrebatarle la luz de sus ojos, el soplo de sus hermosos labios, la tibieza de su tersa piel?, ¿Cómo pudo robarle el último latido a su inmenso corazón? Me invadía la ira con solo pensar que le había puesto las manos encima.
Estaba asqueado, no podía soportar las palabras que llegaban sin descanso a mi cabeza. Aro me miró un momento y la corriente de pensamientos se detuvo de inmediato. Él no podía saber que yo conocía su plan. Intenté poner una expresión ausente, mirar hacia otro lado, no podía hacer contacto visual con él. En el momento en que viera sus ojos, la ira se apoderaría de mí y Aro sabría que había averiguado su plan.
Aro suavizó considerablemente su tono de voz hasta convertirlo en una entonación adecuada para una charla casual. Intentó parecer relajado, sus pensamientos cambiaron radicalmente en la marcha, volviéndose superficiales. Yo necesitaba huir de esa habitación antes de que Aro intentara tocarme y se enterara de mis conocimientos, antes de que perdiera el control, antes de que algo me delatara. Por suerte Aro nos despidió rápidamente, al parecer él también necesitaba que nos marcháramos para poder pensar en privado.
- Espero que vuelvan pronto, adoro sus visitas- escuche decir a Aro con una cínica sonrisa en el rostro.
Hice un asentimiento con la cabeza y me dispuse a salir de la habitación, Carlisle notó mi prisa y se despidió con una reverencia al igual que Esme y Rosalie, y me siguieron.
Caminé rápidamente por los fríos pasillos del antiguo castillo ignorando las preguntas mentales que Carlisle me hacía. Traté de ignorar también los pensamientos de Esme, pero me era casi imposible ya que la mayoría eran sobre Bella. Rosalie, por su parte, estaba divagando, como siempre, en asuntos banales que sólo a ella le interesaban.
Salimos a las despobladas calles de Volterra, bajo un cielo tapizado de grises nubes que impedían el paso a los rayos del sol y nos permitía caminar sin mayores dificultades. No pude evitar girar en dirección al castillo y ver hacia la torre más alta del castillo, donde supuse que podría haber ido Bella cuando la oí pasar corriendo por el pasillo.
Efectivamente mis ojos se toparon inmediatamente con su esbelta figura, sentada cual felino sobre el tejado, observando fijamente en mi dirección. Su piel, mas blanca que el marfil, contrastaba con la oscura capa que llevaba sobre sus hombros y se esparcía a su alrededor. Largas cortinas de rizado cabello color chocolate enmarcaban su hermoso rostro, el cual estaba completamente inexpresivo salvo por sus enormes ojos rojo sangre, que jamás podrían ocultar sus emociones, al menos no a mí. Pude ver el dolor en ellos y sentí la imperiosa necesidad de correr en su dirección a calmar su sufrimiento y no volver a separarme de ella. A pesar de todas las cosas que nos hubiéramos dicho, deseaba tanto sentirla en mis brazos otra vez como hace un par de horas.
Pero me obligué a seguir caminando, no podía hablar o actuar bajo la mirada vigilante de los miembros de la guardia de los Vulturis. Sin embargo, sabía que no me separaría del ella del todo. Era un milagro que la vida, el destino, Dios, o quien quiera que fuera, me hubiera dando la oportunidad de verla otra vez, de besarla otra vez. Jamás podría alejarme de ella nuevamente, amenos que ella me lo pidiera. Y la verdad es que lo había hecho, pero también había dicho que me amaba, aun me amaba, después de tanto tiempo, después de todo el dolor que la había hecho pasar. Eso era mucho más de lo que podría llegar a merecer en la vida. Y me aferraría a eso para mantenerme cerca de ella tanto tiempo como me lo permitiera.
Cuando ya no pude verla más la ansiedad se apoderó de mí, no podía creer que estuviera caminando en la dirección opuesta a la que ella estaba.
- No me iré a Forks sin Bella- dije rompiendo el silencio.
- Edward, yo hablé con ella, hice lo que pude, pero no esta interesada, debes respetar su decisión- dijo Carlisle.
- No es su decisión, es la de Aro que habla por ella- dije subiendo la voz.
- Cielo, dale un poco de tiempo- dijo Esme al notar que no me había tomado muy bien las palabras de Carlisle- esta muy perturbada, hace un día creía que estabas muerto, y de pronto, te encuentra parado en mitad de la sala. Es totalmente comprensible que esté confundida- puso sus manos en mis hombros tratando de calmarme.
- Sin mencionar que ya no es la inofensiva damita que solía ser, según tus descripciones. No es extraño que quiera quedarse con ellos- dijo Rosalie fríamente.
- Tu no entiendes nada Rosalie- le grité en la cara y ella retrocedió molesta por mi reacción, se cruzó de brazos y rodó sus ojos con expresión de aburrimiento.
- Rosalie, trata de ser más comprensiva por favor- dijo severamente Carlisle y Esme la vio con mirada reprobatoria.
- Ninguno de ustedes entiende lo que en realidad sucede. Ella normalmente no razonaría como lo está haciendo ahora, si no fuera por la intervención de Aro. Lo planeó todo, la convirtió con el único propósito de atraerme hacia él.
- Edward lo que estas diciendo es muy grave- dijo Esme.
- Lo oí todo. Aro recordaba cuanto la amaba y debido a las retorcidas vueltas del destino, ella acabó en uno de los grupos que Heidi llevaba para Aro, Cayo, y Marco. Fue entonces cuando se le ocurrió transformarla y hacerla una miembro más de su colección. La entrenó personalmente y se preocupó que fuera lo suficientemente fiel a ellos como para que no quisiera dejarlos. Le dio más atención que a nadie más en todo el castillo, por eso ella no quiere irse. Los considera su familia pero es todo parte del plan de Aro. Ahora lo se, aunque ella hubiera querido acompañarnos él no lo habría permitido.
- Esto es increíble, la avaricia de Aro no tiene límites- dijo Carlisle asombrado.
- Debo llevármela a como de lugar, no planeo ir a ninguna parte sin ella.
- Calma hijo, no puedes apresurarte, no sacarás nada enfrentándote a los Vulturis. Además sigue siendo importante su decisión, no puedes obligarla a que deje el palacio.
- Pues no iré a América a esperar que decida ir a buscarme.
- No, tampoco creo que esa sea la opción adecuada- dijo meditando un momento.
- Podemos retrasar el viaje a Fork y quedarnos en la casa de Escocia mientras buscamos la manera de solucionar todo esto- propuso Esme mirando a Carlisle.
- Estoy de acuerdo- dijo mirándome esperando mi respuesta.
- Esta bien para mi- dije algo aliviado a que el viaje a Fork fuera suspendido.
- ¿Podemos ir entonces? necesito cazar antes de que muera de hambre- dijo irónicamente Rosalie. Traté de ignorar sus insensibles comentarios, pero asentí para que retomáramos el viaje.
Corrimos por un par de minutos, pasando brevemente por Suecia, luego por Francia sin detenernos, cruzamos rápidamente a Inglaterra por el canal de la mancha, y no paramos de correr hasta que nos encontramos en medio de los tupidos bosques de Escocia, de un verde tan intenso que parecía irreal. Allí, en medio de los pinos, se levantaba una casa medieval de rojos ladrillos, ventanas y puestas de madera, una gran chimenea y un par de altas torres circulares cuyos techados se empinaban hacia el cielo.
- Hogar dulce hogar- dijo Rosalie entrando.
Los muebles estaban tapados con blancas telas que evitaba que se cubrieran de polvo. El interior estaba todo en una combinaron de piedra y madera, los techos estaban formados por firmes vigas, de las cuales, colgaban lámparas de fierro forjado en forma de araña. Gruesas alfombras cubrían el piso de piedra, tanto la madera como los muebles eran en tonos rojizos. Si no hubiera sido por la preocupación que me invadía en ese momento, habría apreciado más la acogedora casa a la que no venía hace bastantes años. Me negué a salir de caza con los demás, por lo que en un par de minutos me encontré solo en la enorme casa. Necesitaba despejar mi mente para pensar con claridad. Subí a mi habitación y saqué algunas prendas de vestir que aun tenía allí, luego me dirigí hacia el cuarto de baño para ducharme. Me tomó un par de segundos saber lo que debía hacer.
Salí de la casa adentrándome nuevamente en los bosques y corrí sin parar, deshaciendo el camino que había realizado recién junto a mi familia, para encontrarme nuevamente en los alrededores de Volterra. A pesar de que era más rápido que el resto, el camino se me hizo mucho mas largo por la ansiedad que me recorría el cuerpo, al saber que volvería a verla.
Era increíblemente más fácil rastrearla ahora que sabía que estaba en esta ciudad, su olor en inconfundible. Al primer rastro comencé a seguir su pista, por un par de callejones y luego al bosque. Caminé con sumo cuidado para no hacer ruido, hasta que la escuché, estaba muy cerca, aproveche el sonido de un trueno para saltar a un árbol y esconderme bajo las hojas.
Allí, agazapado, la busqué con la mirada hasta que di con ella. Estaba de pie, en silencio, con los ojos cerrados y se veía increíblemente hermosa. No supe lo que estaba haciendo hasta que abrió los ojos y pude ver la determinación en su mirada, estaba cazando.
Pero yo no había olido a ningún humano a kilómetros a la redonda. Entonces se agachó caminando en posición de ataque, me quedé hipnotizado por la delicadez de sus movimientos. Se desplazaba sigilosamente sin hacer el menor ruido, observando y sintiendo todo a su alrededor. Temí que percibiera mi presencia, pero al parecer estaba muy concentrada en su presa. Yo estaba completamente sorprendido, ¿Qué hacía Bella casando animales en medio del bosque? Después de todos sus argumentos sobre nuestra naturaleza de depredadores. En ese momento ella se veía como un depredador, no había signos de debilidad, ya no era frágil ni indefensa, no era más mi pequeña e inofensiva Bella. Ella había cambiado, pero aun así era Bella, mi Bella. Y no podría amarla menos.
Entonces, antes de que me hubiera preparado para lo que venía, la vi saltar sobre su presa, un enorme oso. El pánico me invadió por completo cuando vi al feroz animal arremeter contra ella, estuve a punto de lanzarme a su recate. Pero en un ágil movimiento ella lo tuvo bajo control, recordándome nuevamente que ella ya no era más indefensa, ahora era fuerte, era una depredadora, un vampiro.
Bella comenzó a beber la sangre del oso sin detenerse, dejándome más perplejo aun. Ella estaba haciendo el intento, mis palabras y las de mi familia no habían sido en vano. Ella tenía la intención de cambiar, no importaba todo lo que hubiera dicho antes, ni cuantos años hubiera pasado viviendo y alimentándose como una Vulturi más, hoy ella había marcado la diferencia. Bella no era como los demás, y por eso la amaba con locura. Suspiré feliz por esta inesperada revelación y ella lo escuchó. Se paró de inmediato, no tenía sentido seguir ocultándome.
- Nunca es demasiado tarde o pronto para ser quien queremos ser, no hay límite de tiempo, puedes empezar cuando quieras -dije tranquilamente esperando su reacción.
Se giró inmediatamente en mi dirección mirándome con asombro.
- ¿Edward?- dijo sorprendida- ¿Qué haces aquí?
A caso creía de verdad que la había dejado pasa siempre, después de que aseguré que me quedaría junto a ella, tendría que hacerla confiar en mí nuevamente.
- ¿Has amado alguna vez a alguien hasta llegar a sentir que ya no existes? ¿Hasta el punto en el que ya no te importa lo que pase? ¿Hasta el punto en el que sólo estar con él es suficiente, cuando te mira casi puedes sentir que tu corazón vuelve a latir? Yo sí...No habrás creído que te podías deshacer de mi tan fácilmente- dije sonriendo. Su expresión fue absolutamente deliciosa, adoraba cuando me veía de esa forma.
Con un gran trueno la lluvia comenzó a caer con violencia entre las hojas de los árboles, las gotas mojaron sus cabellos ondulados, resbalando por su hermosa cara, su vestido y su capa. Estuvo empapada en un par de segundos pero no se movió. Por lo que salté del árbol en que me encontraba, no soportaba la distancia entre nosotros. Caminé hacia ella lentamente, mientras la lluvia me mojaba a mí también.
- Creí que te habías marchado… para siempre- dijo con su melodiosa voz confirmando mi teoría. Era comprensible que ella esperara eso de mí, después de todo, yo la había dejado con una propuesta de matrimonio inconclusa y una promesa rota. Me odiaba a mi mismo cada día por haberle hecho eso.
- Bella, jamás me iría de nuevo, no ahora que te encontré, te lo dije- respondí acercándome aun más.
La miré fijamente, quería decirle “soy yo, Edward, el de siempre, tu Edward y no voy a dejarte” necesitaba desesperadamente que ella confiara en mi de nuevo.
Entonces se lanzó a mis brazos dejándome perplejo. La recibí inmediatamente apretándola contra mí, mi cuerpo la extrañaba. Respiré su aroma que me envolvía haciendo que perdiera la cabeza, olía increíblemente bien con la lluvia.
Me miró a los ojos y pude ver a través de esos brillantes rubíes todo lo que ella sentía, todo su amor. La observé embelesado con su belleza y ella me sorprendió con un beso que no merecía en realidad. Pero al mínimo contacto con sus labios sentí que jamás podría separarme de ellos. Su sabor me trastornaba y me vi obligado a intensificar en beso. Era tan dulce como su aroma, tan perfecta para mí, que no la merecía. Por alguna extraña razón tenía la suerte de que ella me quisiera tanto como yo a ella.
Bajé mis manos por su espalda hasta su estrecha cintura, su ropas estaban completamente mojadas al igual que las mías, sin embargo, mi temperatura iba en aumento. Ella me hacía increíblemente feliz, que podía olvidarme de todo a mi alrededor cuando estábamos juntos. La levanté en el aire haciéndola girar pero sin separar mis labios de los suyos, sentía que moriría si me alejaba de ellos. Sus manos me acariciaban tiernamente y apretó su cuerpo más contra el mío. Ella me volvía loco, podía sentir cada curva de su cuerpo junto a mí. Separé mis labios de su boca sólo para besar bajo su lóbulo, la línea de su mandíbula y todo su delicioso cuello. Necesitaba detenerme, antes de que mi cordura me abandonara y me dominaran mis instintos, necesitaba detenerme antes de que terminara haciéndola mía en medio del bosque.
Entonces un suspiro se escapó de sus labios y tuve la necesidad de sentir más de su cuerpo. Desamarré la capa que la cubría y la abracé más fuerte, guié sus manos para que ella me abrasara también, pero Bella las bajó hasta mi camisa arrancándola de un solo tirón. Era increíblemente difícil frenarse con Bella actuando así, no podía permitirme llegar más lejos, pero sus manos en contacto directo con mi piel me hicieron perder lo poco de cordura que aun me quedaba.
La tomé en un ágil movimiento recostándola sobre las húmedas hojas que cubrían el piso del bosque y me incliné sobre ella. Recorrí con una mano toda la extensión de su cuerpo hasta su suave muslo. Podía sentir como su respiración se agitaba. Me sentía como un maldito ladrón que no tenía derecho alguno a tocar su tersa piel. Más que nada quería hacerla mi esposa, hacer las cosas bien, no podía creer que una vez más estuviera tomando su cuerpo furtivamente. Debería haberme detenido, pero su cuerpo, sus caricias, eran mi perdición. Necesitaba tenerla más cerca aun, deseaba saborear cada centímetro de su piel, una piel a la que no tenía derecho alguno.
La miré a los ojos un par de segundos, ella me contemplaba con deseo y con más amor del que podría merecer.
-Te amo Edward- susurró con sus tiernos labios.
- Tú eres mi vida ahora- contesté observándola con adoración.
Entonces me dejé llevar y comencé a amarla bajo la lluvia que nos bañaba, en un bosque que nos ocultaba del resto del mundo.